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La misma sociedad que te incita a beber te deja solo cuando bebes demasiado

Con motivo del Día Mundial sin Alcohol, entrevistamos a María Bretaña, psicóloga de BEDA, el centro de tratamiento del alcoholismo situado en la Avenida de la Libertad de Ponferrada.

La entrevista se realizó el 14 de noviembre de 2017 en las instalaciones del centro.

Pregunta: Los datos sobre el consumo de alcohol son abrumadoras: cada vez mayor, a más corta edad, una enorme relación con casos de criminalidad… ¿cuál es la cifra que más le preocupa?

Respuesta.- La cifra que más me preocupa es la cantidad de gente que tiene problemas serios por culpa del alcohol. Es satisfactorio ver que cada vez hay más gente que acude a pedir ayuda, un tratamiento u orientación sobre los problemas con el alcohol. Vemos que van viniendo más mujeres y más jóvenes, pero no nos asusta: esas cifras son buenas porque el problema existe y se le está buscando solución. No por no venir a tratamiento quiere decir que haya menos problema, sino todo lo contrario.

 P.- El aumento de pacientes de ciertos grupos demográficos es una señal de que se va solucionando el problema?

R.- Hay mucho problema en la calle con lo que cuanta más gente venga a tratamiento, mucho mejor. Aunque habría que matizar dos puntos. Por un lado, si nos referimos al tema de la mujer, creo que el consumo sí puede estar aumentando, porque al consumo de alcohol que existía entre las mujeres, asociado al tema emocional, en los últimos años se ha unido el consumo social también en las chicas, el otro punto, el de la edad. Como ya ocurría entre los chicos: unos y otras salen a beber.

P.- Entonces, en cierto sentido, ¿la “igualdad” también ha llegado para lo malo?

R.- También para lo malo. Es muy bueno conseguir cotas de igualdad en todo, pero la igualdad también llega para lo malo en temas como el consumo temprano de tabaco y de alcohol, por ejemplo. Ahora las chicas empiezan a beber y a participar en los botellones de la misma manera. Y cuanto antes se empieza a consumir, más probable es que se acabe desarrollando un problema de gravedad. Además, existe el agravante de que el alcohol, en la mujer, a igual cantidad produce más daño.

P.- ¿Se “socializan” los y las jóvenes en una cultura que tiene el consumo de alcohol como algo “normal”?

El consumo de alcohol está generalizado y aceptado, desgraciadamente.  Y esa es precisamente una de las causas del problema: lo cultural, que el alcohol esté introducido en nuestra sociedad como algo plenamente aceptado. La gente suele asustarse con el consumo de heroína, cocaína, etcétera; pero no le preocupa si ve a alguien consumir alcohol de forma abusiva. Se escuchan frases, incluso de la propia familia y de los propios padres como «¿que mi hijo ha llegado borracho a casa?… ¡bueno, quién no se emborrachó alguna vez!» -esa es una expresión muy típica, que se dice quitándole hierro al asunto, pensando que es algo “por una vez”, que no pasa nada, que no tiene por qué volver a ocurrir.

P.- ¿Qué opina de ese uso del alcohol como rito de paso, de esas frases en celebraciones familiares del tipo «dale un poco, que ya es mayor»?

Foto: Fran Fdez. Salgado

R.- Me parece fatal. Es una frase que conlleva un riesgo. Para un menor, que su propia familia, sus referencias inmediatas, le animen al consumo “porque ya eres mayor” puede estar transmitiendo que tomar alcohol cuando se es adulto es lo habitual, lo “normal”. Una cosa es que una persona adulta, sana, sin problemas, consuma una copa de alcohol, y otra que tenga que ser la norma.

P.- ¿Hay diferencias entre el uso y el abuso?

R.- Sí, sí: pero, ¿dónde está el uso y el abuso? No es lo mismo un consumo moderado en un adulto que un consumo excesivo. El problema es que cuando preguntamos “¿consumes mucho?” la respuesta suele ser “lo normal”, cuando en realidad son cantidades abusivas.

P.- ¿Y por qué al paciente le parece normal?

R.- Porque los de su alrededor hacen lo mismo, por lo que acabamos normalizando comparándonos unos con otros en cantidades que no tienen nada de “normal”.

P.- ¿Llamamos normal a algo que es “abuso”?

R.- Efectivamente. Sabemos que depende mucho de cada persona, aunque se puede decir que hay unos referentes de la Organización Mundial de la Salud para personas que no tienen ninguna patología. Estos referentes consideran de riesgo más de tres unidades de bebida diarias para los hombres y más de 2 ó 2’5 para las mujeres [una unidad de bebida sería una cerveza o una copa de vino. Una copa equivaldría a dos].

P.- ¿Qué papel cree que juegan los medios de comunicación, como por ejemplo cuando utilizan esa frase de “el alcohol y las drogas” -en vez de “el alcohol y otras drogas?

R.- Forma parte del desconocimiento que hay respecto a estas cosas y de una diferenciación entre legalidad e ilegalidad. Se asocia droga a sustancia ilegal y éstas a mayor daño. Pero el alcohol, aunque sea legal, es una droga con graves consecuencias para la salud. Los medios de comunicación reflejan lo que piensa la mayoría de la sociedad de este tema. El alcohol no está sólo en ese ambiente del botellón: está en casa de los abuelos, con la familia, en nuestras celebraciones… está en todos sitios, por lo que cuesta pensar que es algo malo hasta que llegan los grandes problemas consecuencia del mismo. Sería deseable más información y formación sobre este tema para transmitir la gravedad del problema.

P.- ¿A qué se refiere?

R.- Los medios de comunicación se centran mucho en situaciones que alarman: cuando hay un o una menor que cae en coma etílico, cuando hay un accidente de tráfico en el que la persona que conducía iba bebida, cuando un hombre mata a su mujer y era alcohólico… pero parece que interesa mucho menos hablar de por qué consumimos, y cómo se podría solucionar… Quizá había que ir más lentos y más seguros intentando modificar patrones que hay establecidos en la sociedad, en nuestras costumbres: tengo que salir como sea hasta las 10 de la mañana, mantenerme despierto hasta dicha hora…

P.- ¿La publicidad juega algún papel en todo esto?

R.- Pues sí, un papel importante. Se está transmitiendo que el alcohol está asociado a la diversión, a celebrar triunfos deportivos (algo que tantas veces vemos: un deportista famoso que ha ganado tal o cual cosa y lo celebra con champagne, esto y lo otro). Si tú estás presentando que las fiestas, cada reunión familiar, se celebran con alcohol, tú estás diciendo “todo lo bueno pasa por el alcohol”

P.- ¿Se oculta la parte negativa?

R.- De la parte negativa sólo vemos la alarma, un accidente, y sobre eso pensamos “eso a mí no me va a pasar, porque controlo”. Nos solemos asustar en un primer momento y más tarde se nos olvida, no se tiene en cuenta. Algunas veces funcionan las medidas coercitivas: la gente no coge el coche cuando ha bebido… porque le pueden multar. Pero no por el convencimiento de “no lo cojo porque es peligroso”, parece que esto no se llega a interiorizar. Algunas personas que vemos aquí incluso piensan “yo, cuando estaba bebido, conducía muy bien”. Es la falsa seguridad producida por el alcohol.

P.- ¿Qué pasa con la educación, el sistema el educativo?, ¿funcionan las charlas, panfletos?, ¿se hacen bien?

R.- Hay muchos investigadores dedicados a diseñar programas de prevención, y algo funciona pero no dan los resultados que desearíamos. Se debe seguir estudiando en temas de prevención, pero, ojo, no solo entre los jóvenes, también entre la población adulta.

Un programa de referencia que tenemos ahora es uno que se ha hecho en Islandia, que ha tenido muy buenos resultados. Es un programa que se ha diseñado de forma muy particular: lo que han hecho es definir programas por barrios, viendo las necesidades de cada barrio y realizando alternativas adecuadas a las personas de ese barrio, trabajando cada público, sus temas psicológicos y sus alternativas de ocio. Se debe trabajar la prevención y también la detección precoz.

P.- ¿De todo eso se ocupan en BEDA?

R.- Lo que hacemos en BEDA es una intervención a nivel multidisciplinar de tratamiento con personas que han desarrollado un problema con el alcohol. También realizamos labores de prevención y de visibilidad para que la gente llegue aquí cuanto antes. Trabajamos a nivel médico, psicológico y social, con factores sociales, con las familias, porque este es un problema que afecta a todos, a las familias y la sociedad en general.

P.-  ¿Hay que concienciarse de que el alcoholismo es un problema “social”?

R.- Yo siempre digo que tenemos una sociedad muy cínica en cuanto a este tema, y lo repito cuando voy a los medios de comunicación. La misma sociedad que te incita a beber te deja solo cuando bebes demasiado.

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