35 años de la Comarca del Bierzo, una historia de promesas y frustraciones

El largo camino hasta 1991

El sueño de que El Bierzo tuviera una entidad administrativa propia viene de muy atrás. Ya en 1822, durante el Trienio Liberal, un decreto de las Cortes promulgó oficialmente la provincia del Bierzo —llamada provincia de Villafranca del Vierzo—, con capital en Villafranca y 86.365 habitantes. Sin embargo, su existencia fue efímera: en 1833 el ministro Javier Burgos suprimió la provincia y repartió su territorio entre León y Orense.

Tras la dictadura franquista, en 1978 se impulsó el Manifiesto Berciano, que reclamaba la creación de una provincia. En abril de 1979 se fundó el Partido de El Bierzo, que fue más allá y reivindicó el carácter de región para el territorio.

La creación de la comarca había sido una promesa electoral del entonces candidato de Alianza Popular a la presidencia de la Junta, José María Aznar, durante la campaña de 1987. Sin embargo, durante su etapa al frente del Gobierno autonómico, el anteproyecto se retiró ante la previsible falta de apoyo parlamentario. Fue un «exceso verbal en campaña que le rebotó como un bumerán», según recuerda la expresidenta del Consejo Rita Prada.

Fue su sucesor al frente de la Junta, Jesús Posada, quien sacó adelante el reconocimiento legal. El texto sumó el 8 de marzo de 1991 el respaldo del PP y del CDS, y seis días después el Bocyl publicaba la norma. El PSOE se abstuvo, al exigir una comarcalización general de toda la Comunidad.

La primera corporación y sus primeros pasos

El 22 de mayo de 1991 se celebraron las elecciones municipales que configuraron la primera corporación comarcal, integrada por 51 consejeros, con apenas tres mujeres. El 11 de julio, el Ayuntamiento de Ponferrada acogió la sesión constitutiva bajo la presidencia del socialista Francisco Alfonso, que dimitiría apenas nueve meses después. Su cargo quedó en manos de Rita Prada, la única mujer que ha presidido la institución en toda su historia.

35 años después: una institución con el freno de mano puesto

35 años después de la aprobación de la ley, el Consejo Comarcal continúa adoleciendo prácticamente de los mismos problemas que cuando tomaron posesión los primeros consejeros. El primer pleno de 1991 giró casi en exclusiva sobre la necesidad de encontrar una sede, y hoy la institución sigue viviendo de alquiler, a pesar de que desde los tiempos de Juan Vicente Herrera se viene hablando de fondos autonómicos para la construcción o compra de una sede propia.

Las reivindicaciones pendientes son muchas. En este 35 aniversario se propone la reforma de la Ley autonómica para reconocer expresamente la trayectoria histórica e institucional del Bierzo, proteger mejor su demarcación territorial, crear una circunscripción electoral berciana propia —como ya ocurre en Murcia y Asturias— y crear un servicio lingüístico comarcal que fomente el gallego hablado en parte de su territorio.

Lo que sí es, y lo que podría ser

El Bierzo es la única comarca reconocida como tal en Castilla y León, compuesta por 38 municipios alrededor de la cuenca del Sil, con una población que supera los 120.000 habitantes y una extensión de más de 3.100 km². Su economía, que durante décadas dependió de la minería del carbón —cuya última mina cerró en 2018—, se apoya hoy en el sector agroalimentario con productos de denominación de origen como el vino, el botillo, la castaña, los pimientos o la pera conferencia, y en un turismo rural creciente.

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