Casi 900 nombres para salvar la memoria de Fornela: el mapa que recupera la toponimia de Peranzanes
Diana Claro, estudiante de la Universidad de León, recopila con los vecinos los nombres tradicionales de montes, caminos, fuentes y parajes del valle antes de que desaparezcan de la memoria colectiva
Hay lugares que aparecen en los mapas. Y hay otros que existen únicamente en la memoria de quienes han vivido durante décadas en un territorio.
En Fornela, muchos de esos nombres todavía sobreviven gracias a las personas mayores que aprendieron a identificarlos de sus padres y abuelos. Ahora, un proyecto de la Universidad de León pretende evitar que ese conocimiento desaparezca.
La protagonista de esta iniciativa es Diana Claro Martínez, estudiante de cuarto curso del doble grado en Ciencias Ambientales e Ingeniería Forestal, que durante este verano está desarrollando en Peranzanes el proyecto Cartografía de la memoria: digitalización de la toponimia fornela. Gracias a una de las becas RALBAR de la ULE y la Fundación Banco Sabadell, ya ha conseguido recopilar y digitalizar cerca de 900 topónimos.
Casi 900 nombres que cuentan la historia de un territorio
Un topónimo puede parecer simplemente un nombre sobre un mapa. Pero detrás de cada denominación puede esconderse una historia, una actividad económica, una característica del terreno o una palabra que ha sobrevivido durante generaciones.
Por eso el proyecto de Diana Claro tiene una dimensión que va mucho más allá de la cartografía.
La estudiante está entrevistando a vecinos, especialmente a personas mayores, consultando mapas y contrastando la información obtenida para localizar los diferentes lugares y recoger sus denominaciones tradicionales.
El resultado es una fotografía de la memoria territorial de Fornela que, de otro modo, podría perderse progresivamente.
Los mayores, protagonistas de la investigación
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es precisamente su metodología.
En un municipio que cuenta con menos de 300 habitantes, la respuesta de los vecinos está siendo especialmente importante. Diana Claro explica que la acogida ha sido extraordinaria y que algunos habitantes incluso se interesan por el proyecto cuando la encuentran por las calles de Peranzanes.
Son precisamente esas conversaciones las que permiten recuperar nombres que difícilmente aparecen en las cartografías actuales.
El proyecto convierte así la memoria oral de los vecinos en una fuente de información que puede quedar documentada y disponible para las próximas generaciones.
El dialecto fornelo también está en juego
La iniciativa tiene además una dimensión lingüística.
Muchos de los topónimos recopilados están expresados en dialecto fornelo, por lo que su conservación permite documentar también una parte del patrimonio lingüístico propio del valle.
No se trata únicamente de saber cómo se llama un determinado monte, camino o paraje. Se trata de conservar la forma en que los habitantes de Fornela han denominado tradicionalmente su territorio.
En un contexto rural marcado por el envejecimiento de la población y la pérdida de población, la transmisión oral de este tipo de conocimientos puede romperse en apenas una generación.
Un mapa que también puede servir para prevenir incendios
El proyecto tiene además una utilidad práctica.
La digitalización de los topónimos puede facilitar que las nuevas generaciones conozcan el territorio y ayudar a visitantes y técnicos a identificar lugares concretos.
Pero existe otra aplicación especialmente relevante para una comarca como El Bierzo: los servicios de emergencia y extinción de incendios.
Conocer el nombre tradicional y la localización precisa de un paraje puede resultar útil cuando es necesario comunicar rápidamente la ubicación de una incidencia en una zona rural y montañosa. La iniciativa se plantea precisamente como un recurso que pueda tener utilidad para los servicios técnicos y de emergencia.
De la memoria oral al mapa digital
El trabajo continuará durante los últimos días de agosto.
Hasta ahora, Diana Claro ha combinado entrevistas, reuniones con vecinos, consultas cartográficas y análisis de la información recopilada para construir esta nueva cartografía de Fornela. El proyecto cuenta además con el apoyo del Ayuntamiento de Peranzanes y la tutorización de la catedrática de la ULE Leonor Calvo Galván.
El objetivo final es que todo ese conocimiento no quede limitado a las conversaciones entre vecinos.
Que pueda consultarse.
Que pueda conservarse.
Y que las nuevas generaciones sepan que detrás de cada nombre hay una parte de la historia del valle.
¿Cuántos nombres más quedan por descubrir?
Los cerca de 900 topónimos recopilados son solo una muestra del enorme patrimonio inmaterial que puede esconder un territorio como Fornela.
Cada nombre puede ser una pista sobre cómo vivían sus habitantes, cómo aprovechaban el monte, por dónde se desplazaban, dónde encontraban agua, dónde cultivaban o qué características tenía cada lugar.
Por eso el proyecto de Diana Claro puede terminar convirtiéndose en algo más que un trabajo universitario: un archivo de la memoria colectiva de Fornela.
Porque cuando desaparece una palabra, no desaparece únicamente un nombre.
También puede desaparecer la historia que explicaba por qué aquel lugar se llamaba así.
Y en Fornela, casi 900 de esas palabras ya han encontrado un sitio en el mapa.



