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Así es Jordi, el ponferradino mayor ciberestafador de la historia

Jordi Arias Fernández nació en Ponferrada (León) hace 23 años, viene de una familia desestructurada y no tiene ningún tipo de formación académica pero ha sido capaz de crear una ingeniosa técnica para robar cientos de miles de euros a compradores on line. La UCO le ha bautizado como «Lupin», el ladrón de guante blanco, pero no han logrado encontrar el dinero . «Está por Europa», dice él.

Según informa La Razón, los agentes le preguntaron «¿Qué haces con tanto dinero?» cuando fue detenido «Pues ponerle tetas a mis novias. Ellas contentas y yo también», contestó orgulloso. Como los narcos colombianos, él también gastaba en cirugía plástica para aumentar el volumen de pecho de las mujeres con las que se relacionaba, a las que conquistaba con una vida de lujos. Es Jordi Arias, solo tiene 23 años, nació en Ponferrada (León) y se empadronó en Cubillos del Sil, un pueblito cercano a la capital del Bierzo de apenas 2.000 habitantes. Viene de una familia desestructurada y comenzó a delinquir muy pronto –desde que comenzó a juntarse con «mercheros», según fuentes del caso– lo que le costó su internamiento en un centro de menores, de donde logró escapar. Ya en la edad adulta, también había pisado una prisión del norte y ahora ha ingresado en Picassent (Valencia).

Jordi no tiene formación académica pero solo le hizo falta una mente privilegiada para los números y algo de ingenio para crear una estructura fraudulenta desde la que estafar a miles de personas. Comenzó dando pequeños palos desde el smartphone de la pareja de su madre y debió darse cuenta de que no se le daba mal la cosa. Los agentes de la Unidad de Delitos Telemáticos de la UCO de la Guardia Civil llevaban un año detrás de él. Les costó mucho ponerle nombre y, más aún, dar con su paradero. De ese perfil escurridizo nació su alias (policial), que ha dado nombre a la operación: Arsenio Lupin, ese personaje literario creado por el escritor francés Maurice Leblanc; un ladrón de guante blanco que aparecía en novelas de detectives, cómics y dibujos animados. Jordi, el «Lupin» de Ponferrada, no tenía domicilio fijo. Sabía que llevaba tantos delitos acumulados que se sabía perseguido por la Policía. En alguna ocasión se hizo pasar por agente de la UCO para preguntarle a sus víctimas dónde habían denunciado y saber qué grupo policial podría estar buscándole.Así, su vida era itinerante. Podía permitírselo porque dinero era justo lo que le sobraba. Hasta se grababa así mismo cogiendo efectivo de los cajeros. Se movía con dos maletas de hotel en hotel. A veces pagaba por adelantado un mes en un apartamento y se iba a la semana. Extremaba las medidas de seguridad hasta el punto de coger hasta 18 taxis para realizar un solo trayecto: estaba obsesionado con que le perseguían. Y así era. Fue arrestado hace un par de semanas en un apartahotel del barrio de Malasaña (Madrid). Le constaban más de 25 requisitorias judiciales y se calcula que ha estafado a más de 2.400 personas a través de webs fraudulentas. Los investigadores están convencidos de que son muchas más y esperan tal volumen de denuncias que han habilitado una web para canalizarlas.

Captaba desde Wallapop

Llegó a ingresar 300.000 euros mensuales aunque ahora estaba centrado en preparar lo que sería su gran palo: el Black Friday del próximo mes de noviembre. Para tal evento de rebajas, donde mucha gente compra por Internet, se había marcado un objetivo de un millón de euros. Sus productos estrella eran casi siempre electrónicos: móviles, portátiles, consolas… Pero era multidisciplinar y también engañaba con la compra de aires acondicionados o calefacciones. Lo hacía a través de webs que utilizaban el logo de otras fiables para conseguir el engaño. Luego les obligaba a bajarse una aplicación en el móvil para permanecer informados del estado del envío del producto. Así, cuando tenía los datos, vaciaba las cuentas de las víctimas. Las captaba desde portales como Wallapop y les redirigía a sus web fraudulentas. Sirviéndose de tecnología «contactless», el «Lupin» de Ponferrada asociaba las tarjetas de crédito de las cuentas de las «mulas» a sus terminales móviles, para ir extrayendo el dinero en cajeros automáticos en rutas realizadas por todo Madrid (también pernoctaba por Majadahonda y Las Rozas) en las que adoptaba fuertes medidas de seguridad. Esta práctica era repetida sucesivamente en un mismo día, llegando a acumular decenas de miles de euros en una sola jornada.

Jordi no actuaba solo. Tenía a dos trabajadores a los no dudaba en mandarles sicarios para que les dieran palizas si no cumplían. Uno era informático, encargado de crear toda la infraestructura de páginas web. Éstas solo permanecían un par de días operativas. Así, cuando la gente iba a reclamar, la web ya no existía: no tenían el producto ni dinero en la cuenta desde la que habían realizado la transferencia. Este informático también ha sido arrestado, así como el encargado de organizar a las «mulas». Gente que se abría cuentas corrientes para canalizar las transferencias de los estafados por Jordi. Los tres han ingresado en prisión sin fianza por orden del Juzgado de Instrucción número 1 de Requena (Valencia). Ellos ya están fuera de mercado pero los investigadores no han logrado recuperar ni el 10 por ciento de lo robado. ¿Dónde está el dinero? «En Europa», dice él.

Y de ahí no le sacan.

Video de la intervención:

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