Bierzo Enoturismo

El Bierzo lo tiene todo. Camino de Santiago, Las Médulas Patrimonio de la Humanidad, una denominación de origen con vinos que triunfan internacionalmente, gastronomía reconocida y paisajes de postal, todo en apenas 30 kilómetros. En 2020, los estudios de mercado lo situaron como el primer destino enoturístico que los españoles querían visitar, por delante de Rioja Alavesa y Ribera del Duero. Un 20% de los encuestados lo elegían como su destino soñado.

Tres años después, la asociación Bierzo Enoturismo está al borde de la disolución. No por falta de visitantes, ni por crisis del sector vitivinícola, ni siquiera por la pandemia. La razón es mucho más prosaica y, paradójicamente, mucho más grave: la Diputación de León le debe 60.000 euros en ayudas comprometidas desde 2022 y la asociación no puede seguir funcionando sin ese dinero.

«Si no hay presupuesto, es absurdo que exista la asociación», declaró sin ambages la presidenta Consuelo Ysart. Una sentencia de muerte pronunciada en voz alta.

El peso del pasado: cuando los errores de ayer condicionan el presente

Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que remontarse a 2013. Bajo la gerencia de Ciuden, Bierzo Enoturismo recibió un millón de euros de la Junta de Castilla y León para señalización, central de reservas, web y marketing. De ese millón, se ejecutaron y justificaron correctamente 936.000 euros. Pero quedaron 12.000 euros sin justificar adecuadamente y 60.000 euros más sin gastar, bloqueados en las cuentas por Hacienda. Ciuden aparecía como avalista, pero nadie ordenó la ejecución del aval.

El lío burocrático-financiero estalló entre 2016 y 2020. La asociación tuvo que devolver dinero a la Junta por una subvención no ejecutada, pidió un crédito a cuatro años al Banco Sabadell para sanear las cuentas, y pasó media década intentando salir del agujero. El banco aplicó una quita de 20.000 euros en intereses como gesto de buena voluntad. En 2020, las cuentas estaban saneadas.

Problema resuelto, ¿verdad? Pues no.

Porque las administraciones tienen memoria selectiva: recuerdan perfectamente los problemas del pasado, pero parecen olvidar con facilidad sus compromisos del presente. La Diputación de León arrastra desde 2022 tres anualidades impagadas de 20.000 euros cada una. Sesenta mil euros que superan el presupuesto anual actual de la asociación. Dinero comprometido, presupuestado, aprobado… pero que no llega.

La presidenta Ysart asegura que «este asunto ha dormido en escritorios» y que tanto la Junta como la Diputación han estado requiriéndose mutuamente información sobre certificados que no termina de llegar. Burocracia pura y dura. Mientras tanto, la asociación no ha podido solicitar ayudas para 2025 ni ejecutar el programa de actividades previsto. Parálisis absoluta.

La directiva actual: ni santos ni demonios

Sería fácil presentar esto como una lucha épica entre una directiva heroica y unas instituciones malvadas. Pero la realidad es más gris, como casi siempre.

La directiva actual ha hecho cosas bien: han saneado la asociación financieramente tras heredar un desastre, han aumentado el número de socios un 20%, y mantienen operativa una estructura que promociona una marca cada vez más reconocida. No son gestores incompetentes ni mucho menos.

Pero tampoco son víctimas inocentes de un sistema perverso. Una asociación que depende al 100% de subvenciones públicas para funcionar, que lleva años sin diversificar sus fuentes de financiación, y que arrastra conflictos internos y falta de visión estratégica común entre bodegas, hosteleros y administraciones, tiene parte de responsabilidad en su propia fragilidad. No han enfocado la actividad de enoturismo como en otras zonas próximas como por ejemplo Galicia.

El enoturismo en España mueve millones. Las bodegas del Bierzo reciben visitantes que gastan el doble que el turista convencional y se quedan más días. Hay un negocio real ahí. ¿Por qué entonces la asociación que debería capitalizarlo vive al borde del precipicio cada año esperando 20.000 euros de la Diputación?

La pregunta incómoda es: ¿qué ha estado haciendo exactamente la directiva para generar un modelo sostenible más allá de pedir dinero público? Porque si tu plan de negocio consiste en «esperar a que la Diputación pague», tal vez el problema no sea solo la Diputación.

La trampa del presente: desconfianza institucional y castigo colectivo

Dicho esto, la actitud de las instituciones públicas es igual de cuestionable, si no más.

La Diputación de León se escuda en trámites burocráticos mientras una asociación que cumple todos los requisitos y ha demostrado su solvencia se ahoga por 60.000 euros que están comprometidos pero no llegan. El último convenio firmado data de 2021, bajo la presidencia de Eduardo Morán. Desde entonces, nada. Y no es un problema exclusivo de Bierzo Enoturismo: el equipo de gobierno actual se está «abonando» al retraso sistemático en el pago de subvenciones a diferentes colectivos.

Mientras tanto, otras regiones avanzan. Valladolid crea el Wine Golden Mile con criterios de excelencia internacional. La Rioja mantiene convenios plurianuales estables con sus diputaciones. Ribera del Duero tiene financiación y planificación a largo plazo. El Bierzo, con más potencial que muchas de ellas, sobrevive a base de limosnas que llegan tarde y mal.

La desconfianza institucional tiene razones históricas comprensibles: los problemas de 2013-2016 dejaron cicatrices. Pero castigar indefinidamente a una asociación que ha saneado sus cuentas y cumple sus obligaciones es contraproducente. Es como negarle el crédito a alguien que ha pagado sus deudas porque hace diez años tuvo problemas financieros. Absurdo y paralizante.

El efecto dominó de la inacción

El círculo vicioso está servido:

Problemas de gestión 2013-2016 → Deuda con la Junta → Crédito bancario → Saneamiento en 2020 → Desconfianza institucional → Retrasos burocráticos actuales → Imposibilidad de operar → Amenaza de disolución.

Y lo que se pierde si desaparece Bierzo Enoturismo no es solo una asociación más. Es la fragmentación total de la oferta turística, la pérdida de posicionamiento como destino unitario, la desaparición de una marca que funciona, y el desperdicio de años de trabajo construyendo una imagen que diferencia al Bierzo de otras comarcas vitivinícolas.

Cada bodega iría por su lado. Cada municipio promocionaría lo suyo. El turista encontraría información dispersa, sin coherencia, sin relato común. Justo lo contrario de lo que buscan los visitantes actuales, que quieren experiencias integradas: dormir en un hotel con encanto, visitar dos o tres bodegas, comer en restaurantes locales, hacer una ruta por Las Médulas, y sentir que todo forma parte de una misma historia.

Sin la asociación, esa historia desaparece. Y con ella, buena parte del atractivo.

Responsabilidades compartidas en una muerte anunciada

La «muerte anunciada» de Bierzo Enoturismo no tiene un solo culpable. Es un fracaso colectivo con responsabilidades bien repartidas:

La Diputación de León, que arrastra impagos desde hace tres años y se refugia en la burocracia mientras otras diputaciones firman convenios estables y plurianuales con sus rutas del vino.

La Junta de Castilla y León, que discontinuó en 2022 el Máster en Viticultura del Campus de Ponferrada justo cuando el sector más lo necesitaba, y que ha sido incapaz de tender puentes ágiles para desbloquear la situación.

La propia directiva de Bierzo Enoturismo, que ha saneado cuentas pero no ha sido capaz de construir un modelo de financiación diversificado ni de generar consensos sólidos entre todos los actores del sector.

Las bodegas y el tejido empresarial, que se benefician de la marca pero no siempre están dispuestas a apostar por ella con recursos propios más allá de las cuotas de socio.

Y la falta de visión comarcal conjunta, que convierte cada pequeño conflicto en una crisis existencial porque no hay un proyecto común lo suficientemente fuerte como para resistir los temporales.

Última llamada: quedan minutos, no horas

Lo paradójico es que el Bierzo sigue teniendo todos los ingredientes del éxito. Las bodegas producen vinos excelentes que se venden bien. Los visitantes siguen llegando. La Mencía bercianas cada vez más reconocida internacionalmente. Los expertos del sector insisten: «El Bierzo tiene mucho potencial de crecimiento» y «la bandera del Bierzo es muy positiva en todos los países».

Pero el potencial sin gestión es solo eso: potencial. Aire. Promesa incumplida.

Si la Diputación no desbloquea los 60.000 euros antes de que acabe el primer trimestre de 2025, Bierzo Enoturismo se disolverá. No por mala suerte ni por crisis externa, sino por incapacidad institucional y falta de visión estratégica. Una muerte perfectamente evitable. Anunciada con meses de antelación. Y aun así, probablemente inevitable.

Porque cuando todos tienen parte de culpa, nadie se siente lo suficientemente responsable como para actuar.

Y así es como mueren las buenas ideas en España: despacio, entre escritorios, con excusas burocráticas y responsabilidades difusas. Sin drama ni épica. Solo papeles que no llegan, reuniones que no se convocan, y un teléfono que no suena.


La información de este reportaje ha sido obtenida de declaraciones públicas de los protagonistas, así como de fuentes públicas oficiales.

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