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«Cooperación BierzoSur» muestra su trabajo con los invisibles de Santo Tomé

La O.N.G. «Cooperación BierzoSur» explicó detalladamente este sábado en el salón de actos de la Casa de la Cultura sus numerosas actividades en la isla de Santo Tomé. Los proyectos de colaboración de esta O.N.G., formada por voluntarios de El Bierzo y de otras partes de España que dedican sus vacaciones a la ayuda humanitaria, fueron desgranados uno por uno en un acto al que acudieron medio centenar de personas.

La presentación corrió a cargo de la presidenta de «Cooperación BierzoSur», la enfermera Carmen Álvarez. Comenzó con la muestra de un video donde, como señaló Álvarez, se podía ver el gran contraste de Santo Tomé: una tierra de naturaleza y paisajes paradisíacos con grandes necesidades humanitarias. El trabajo de esta O.N.G., volcada en los más “invisibles”, ha puesto su foco desde 2013 en las personas, sobre todo niños, que sufren alguna discapacidad. Una de las fotos en las que Álvarez apoyó su discurso mostraba una menuda mano de un niño con discapacidad escondido tras una portezuela hecha con ramas. La invisibilidad de los pobres se acentúa en el caso de las personas con discapacidad, excluídas doblemente, que no se atreven siquiera a salir en las fotos.

Fotos: Nicolás Pajariel

La discapacidad ocupó la parte inicial del acto, en la que se dio paso al portavoz de AMBI (Asociación de Minusvalidos de El Bierzo). Esta asociación y Cooperación BierzoSur han seguido estrechando lazos en este 2017 y en ese sentido, aseguraron, se seguirá yendo en el futuro.

Las intervenciones humanitarias de Cooperación BierzoSur han supuesto que más de 1.500 personas “invisibles” se vean beneficiadas por sus distintos proyectos, como el de la construcción de dos cocinas escolares gracias a las cuales 366 niños pueden comer en escuelas que cuentan ahora con canalización de agua y mejores estructuras para el almacenaje de alimentos en un país con áreas de pobreza donde es imposible ver una nevera. La financiación en esta intervención en las cocinas escolares contó con la participación del Ayuntamiento de Ponferrada, cuya placa luce en este rincón de esta pequeña y muy necesitada isla del golfo de Guinea.

La presidenta de la O.N.G. repasó también las donaciones recibidas y lo logrado con ellas. BierzoSur recibió material médico de gran cuantía para a realizar cirugías y material farmacológico en valor de más de 5.000 euros. Álvarez mencionó el simbólico caso de una niña afectada por una variedad rara de diabetes cuya medicación, tras numeroso trabajo de papeleo y muchas llamadas de teléfono, pudo finalmente ser conseguida. La pobreza creó un abismo entre Santo Tomé y una medicación anual de 1.500 euros de coste que BierzoSur ha conseguido (por ahora) hacer posible atravesar.

Las cifras dieron paso al relato del aspecto netamente humano de lo que supone este tipo de colaboración, por lo que el primero de los proyectos explicados fue el relativo a sus jornadas de formación del voluntariado.

Carmen Álvarez explicó cómo se forma a los voluntarios en una mentalidad de presencia que sustituya a la de exhibición. El voluntario, argumentó la presidenta de BierzoSur, tiene que mentalizarse de que la cooperación no es un mero viaje. Por ello, se les informa a los intersados de la metodología y conducta de trabajo, con datos sobre el país y los objetivos reales del proyecto. Es importante que se asuman las limitaciones crematísticas, logísticas y culturales: el voluntario debe estar presente en las comunidades con las que colabora, comenzando su actividad observando y escuchando, asumiento que “lo que traes puede que no valga para nada”. La formación de los interesados inculca ese “tener presencia” frente a un “sí o sí de mi proyecto”. Presencia es trabajar las 24 horas, organizando datos y preparando el día siguiente al llegar a casa, aceptando las limitaciones y siendo flexibles cada minuto. Sin esta dimensión humana de la colaboración, sin esta actitud de presencia en las comunidades, la barrera cultural no puede ser superada.

La acción de BierzoSur tiene su mayor grado de sofisticación en la atención sanitaria. Cuando las limitaciones no permiten otra cosa, el voluntario “presente” se ocupa de lo que haga falta, atendiendo incluso casa a casa en lo más básico. Pero los dos proyectos más importantes de esta O.N.G. tienen que ver con la cirugía ortopédica pediátrica y la salud mental, ámbitos, sobre todo este segundo -asegura la organización-, nada trillados en la cooperación humanitaria. Son los más invisibles.

El personal médico en Santo Tomé llevó a cabo en 2017 un programa de atención sanitaria dirigido a niños con problemas de discapacidad en el que se llegaron a evaluar mas de 40 casos de cara a la intervención por parte de cirujanos de estas minusvalías físicas. Se planearon 17 cirugías en menos de dos semanas, unos diez días no faltos de los problemas, dificultades y obstáculos que se encuentra cualquier trabajador en coperación humanitaria. Los colaboradores involucrados relataron cómo algunas experiencias, tales como la de explicar a unos padres que su hijo no podrá ser tratado (todavía) o la constatación de la falta de cobertura de las necesidades más básicas, cambiaron su mentalidad una vez de vuelta en España.

El proyecto de cirugía ortopédica pediátrica comienza con la evaluación. Se lleva a cabo un plan que por supuesto hay que modificar sobre el terreno, muchas veces por meras razones logísiticas como las dificultades para el transporte. El primer paso es la creación de un censo de posibles casos a tratar, para lo que es imprescindible entrar en contacto con las comunidades. Los cooperantes realzaron la colaboración de Eduardo Garrido, conocido como “Dudú”, quien funciona como guía, contacto local y traductor de las muchas veces incomprensibles lenguas habladas por los locales en las zonas más necesitadas. Aunque el dioma oficial de la república es el portugués, y por tanto las barreras linguísticas en esta ecuatorial isla de la lusofonía son más accesibles en las areas menos rurales, la ayuda de Dudú permite a los colaboradores el acceso a zonas menos cosmopolitas gracias a su conocimiento de las hablas locales. En algunos proyectos, se cuenta con la colaboración de los llamados “escoteiros”, voluntarios locales que realizan labores sociales todo el año y que funcionan como enlaces de confianza y guías, organizando las visitas.

La mala calidad de las infraestructuras dificulta la localización de las casas, muchas veces sin numerar. Ello hace que el tiempo necesario para tratar cada caso sea enorme, sin comparación con el funcionamiento ordinario de un sistema sanitario de primer nivel como es el español. BierzoSur se encargaba en muchos casos del transporte de los niños desde sus casas a los centros y de vuelta, sorteando así las barreras logísticas y económicas de muchos de ellos. La situación de partida para los colaboradores es una falta (en un 80%) de seguimiento médico de los niños con discapacidad: carecen de diagnóstico, cartillas de vacunación y, en casi la mitad, falta de escolarización, esa otra forma de invisibilidad. Eso supuso para BierzoSur poner en marcha el proyecto trabajando desde cero, con la carga a mayores pendiente que supone una ausencia total de detección precoz de las malformaciones. Los “invisibles” que se esconden de las fotos no suelen aparecer en ningún parte médico.

Fotos: Nicolás Pajariel

El acto en la Casa de la Cultura tuvo uno de sus momentos más emocionales con la intervención de uno de los colaboradores, un enfermero gallego llamado David. Tras el relato de la actuación de su grupo de trabajo, de las dificultades sufridas y de los logros alcanzados, el voluntario consiguió impregnar el auditorio de esa mentalidad de presencia y de toda la sensibilidad que conlleva con un hermoso texto sobre cómo para un voluntario lo vivido se hace parte de uno. La sala rompió en aplausos tras este catárquico testimonio que trasladó al público la bondad subyacente y la frustación muchas veces presente en el relato de estos testigos de las condiciones en que viven los “invisibles”, el relato de los voluntarios que habla de lugares del mundo donde se conjugan pobreza e inocencia.

No menos humano fue el tono con el que las enfermeras voluntarias en el proyecto de salud mental narraron lo conseguido en su colaboración con las unidades de psiquiatría de Santo Tomé. La salud mental no es habitual en la cooperación, por lo que el proyecto carecía de referentes fuertes. La situación en este ámbito es muy mala, con condiciones de miseria donde lo humano muestra su aspecto más depauperizado.

Como en todos los demás, los primeros pasos fueron el seguimiento y la recopilación de información. La narración vino acompañada de fotos en las que se podía apreciar el lamentable estado de las infraestructuras higiénicas y sanitarias. La dureza del relato comenzaba en esa fase de observación y recogida de datos, donde quedaban reflejadas carencias básicas como lo relativo a la intimidad de los pacientes. Otra vez, el retrato tantas veces oculto de las condiciones infrahumanas de los “invisibles”.

La falta de recursos, las pésimas condiciones y todas las dificultades propias de la heróica labor de la colaboración humanitaria, ya mencionados pero una y otra vez presentes, no fueron óbice para que el equipo de enfermería pudiera poner en marcha aspectos de su proyecto tales como actividades exteriores o numerosas terapias ocupacionales, llegando a contar con la colaboración de un artista local. Otro aspecto fundamental fue el apoyo y formación al personal sanitario local, dentro de sus limitaciones, para entre otras cosas lograr un mejor trato humanitario a los enfermos.

A pesar del corto tiempo del proyecto, las profesionales llegaron a atisbar mejoras en varios pacientes. El ámbito de la psiquiatría en Santo Tomé seguirá en los planes de la organización el año que viene.

Por último, y debido a la limitación del tiempo del acto, se mentaron más brevemente otros tres proyectos de la O.N.G. BierzoSur en Santo Tomé: el llamado “proyecto intergeneracional”, que busca erradicar la discriminación y aislamiento que sufren muchos ancianos incorporándolos mediante actividades parroquiales a sus comunidades y, asimismo, mejorar la atención sanitaria de enfermedades relacionadas con la edad; un proyecto orientado a la formación de entrenadores de fútbol, que busca estudiar el estado de las infraestructuras y la organización y planificación que el país tiene en esta materia para mejorarlo; y la extensión del proyecto de formación en primeros auxilios en ciertas comunidades.

El acto permitió a los asistentes adentrarse en el día a día de un voluntario, sea sanitario, cirujano o psiquiatra, en un país con unas dotaciones muy distintas a las nuestras. Lo peor de la condición humana, la miseria, y lo mejor, el impulso para combatirla, se dieron cita en la Casa de la Cultura de Ponferrada, tal y como se dan cotidianamente en Santo Tomé. Durante casi dos horas, el salón de actos fue una ventana por la que entró, proveniente de miles de kilómetros, el esfuerzo, la emoción y la bonhomía de un grupo de personas que tratan de hacer de este mundo un lugar mejor. Su historia es un relato largo y duro, pero su testimonio es imprescindible para poder ver a los “invisibles” que ni siquiera se atreven a aparecer en las fotos.

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