“El dilema del corcho”, una obra que empieza como comedia y acaba en drama político

“El dilema del corcho” es un texto del también actor Patxo Telleria que interpreta en compañía del veterano Ramón Barea y que empieza casi como comedia de enredo para acabar en un drama político. La función se verá en el Bergidum el próximo jueves, 9 de abril, dentro del programa de abono Ancha 15. Las localidades (12,50 euros) están a la venta.

Él es un prestigioso catedrático de Filosofía Política jubilado, izquierdista y polémico: un Noam Chomsky ibérico. Tiene un cáncer terminal, pero puede recibir tratamiento con uno de los equipamientos que un multimillonario ha donado al sistema público de salud. Para el profesor, esa donación es un lavado de imagen de quien no paga los impuestos que en justicia debería. Ahora debe decidir si ser fiel a sus principios e inmolarse o bajarse los pantalones ante el filántropo.

Cuando ha tomado la decisión, un antiguo alumno con el que tiene cuentas pendientes, irrumpe en su despacho. Bajo la dirección de Mireia Gabilondo, la compañía vasca Tartean Teatro aborda en esta obra dilemas morales en un thriller de enredo e intriga política para dos actores, en espacio único y a tiempo real.

En el reparto destaca la presencia del bilbaino Ramón Barea, actor, dramaturgo, director de teatro y realizador cinematográfico que ha participado en cerca de 200 películas. Por uno de sus últimos trabajos en cine, Cinco lobitos, fue nominado a la Mejor interpretación masculina de reparto en los Goya.

Algún crítico ha señalado que “en cierto modo, El dilema del corcho es La huella sin reciprocidad y en forma de matrioshka. La estructura de la representación, con sus giros y personajes que se descubren como alguien distinto, bebe de esa conocida obra teatral, que se hizo aún más famosa gracias a la estupenda película que rodaron Laurence Olivier y Michael Caine”.

El texto de Patxo Telleria tiene un par de trucos presentes en esa antecedente escénico, muy bien escogidos y ejecutados, pero añade algunos de cosecha propia para mantener el interés y la tensión sin perder la capacidad de sorpresa. Plantea cuestiones sobre las ideas y convicciones de los individuos, y se permite la pirueta de poder abordarlas desde ambos lados de la línea que separa los grandes bandos gracias al juego de identidades de la obra. El valor del texto reside en esa sencillez aparente que oculta el calado de lo que plantea, sobre lo que no se pronuncia explícitamente y deja por tanto su interpretación en manos del público.

“El dilema del corcho” es una pieza muy inteligente que en ocasiones se presenta como un juego pero terminará siendo un rompecabezas tanto para los protagonistas como para el público.

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