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El feminismo pinta de morado Ponferrada

La plaza del Ayuntamiento, a la llegada de la manifestación del 8 de marzo.

 

Manifestación y lucha para algunos (y algunas), aquelarre feminazi para otras (y otros); Ponferrada volvió a acoger una macromanifestación feminista en la fecha del 8 de marzo que entonó los cánticos habituales de este tipo de episodios y coloreó de morado las calles del centro de la capital de El Bierzo desde la emblemática plaza de Julio Lazúrtegui hasta la del Ayuntamiento.

La empresaria Beatriz Escuredo participó un año más en la marcha.

El monumento de la Plaza de Correos, vandalizado tras la marcha feminista.

La conocida estatua del barquillero también fue sumada a las protestas.

La maniestación, en sus primeros compases en la Avenida de La Puebla.

 

La coreografía fue una repetición de la del año pasado, aunque cabe afirmar que la participación estaba menguada respecto a entonces: mientras que el año pasado la marcha no estaba en movimiento en su totalidad cuando la cabecera llegaba a la rotonda de Correos, este años, en el momento en el que las primeras pancartas llegaban a ese punto la cola se encontraba ya en la intersección de la Avenida de la Puebla (antigua José Antonio) con la Avenida del Polígono de las Huertas.

 

La Alcaldesa de Ponferrada, Gloria Fernández Merayo, recibió a la marcha feminista en la puerta del consistorio de la capital berciana.

Las concejalas de Ciudadanos en Ponferrada hicieron acto de presencia en el acto feminista.

Una pintada con una cita atribuida a la teórica marxista alemana Rosa Luxemburgo apareció en los muros del insituto Gil y Carrasco.

 

El morado fue el color dominante de toda la jornada.

Durante todo el recorrido se repitieron los eslóganes habituales, sonó el ritmo de una batucada y se pudo ver a gente de casi toda clase y condición, destacando por su número y su vitalidad el amplio apoyo recibido a la causa del feminismo, que se reclamó hegemónico y dominante, por parte de sectores jóvenes de la población, tanto chicos como chicas perfectamente socializados, que se mostraron en números extensos y perfectamente integrados con los sones de la marcha. La fiesta, que tiene su origen en las luchas del proletariado industrial del siglo pasado (el 8 de marzo era fiesta oficial en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), demostró volver a ser un evento abierto a toda la transversalidad ideológica en el que participaron desde empresarias a trabajadores, en comunión bajo el grito «que viva la lucha de… las mujeres».

Un grupo de deportistas lucieron sus equipaciones de rugby. El deporte es un ámbito que la lucha feminista no ha dejado de lado.

Una vez la manifestación hubo alcanzado la Plaza del Ayuntamiento, fue recibida por la Alcaldesa de Ponferrada, Gloria Fernández Merayo, que portaba un lazo color morado. En dicho espacio se leyó un manifiesto pleno de buenas intenciones y se coreó un cántico que a modo de himno llamaba a una posible huelga general feminista.

La plaza de Correos, al paso de la manifestación.

Dos hombres marcan el paso a las mujeres que se manifestaban.

La cabecera de la manifestacion en Correos. La cola puede verse que está en la intersección con la Avenida del Polígono de las Huertas.

Numerosos ponferradinos tomaron parte en la manifestación del 8 de marzo.

 

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