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LAS CAZOLETAS DE «EL CARBALLÓN» en los límites del Bierzo y La Cepeda

Un nuevo hallazgo se ha producido en la línea divisoria de las comarcas de la Cepeda y la del Bierzo, que viene a sumarse a los ya conocidos en la zona berciana de Ancares y Santa Marina de Torre. El topónimo del paraje se denomina «El Carballón», y a falta de otras referencias es que he utilizado para bautizar estos nuevos petroglifos.

El descubrimiento lo ha realizado Juan Carlos Garrido mientras realizaba senderismo. Se da la circunstancia de que Juan Carlos es la misma persona que descubrió los importantes paneles rupestres de «Las Abarrazas» , El Paxaxe» y «La Peña del Trigo» entre otros más situados en la localidad de Santa Marina de Torre, y que en su día fueron los primeros y únicos petroglifos conocidos en el Bierzo hasta que se sucedieron más descubrimientos. El hallazgo de este ultimo panel se produjo de forma casual, pero tratándose de Juan Carlos Garrido es fácil pensar que además de la casualidad, intervienen la curiosidad y el amor por el arte rupestre.

La nueva estación se sitúa en una zona elevada, rodeada por las antiguas explotaciones de antracita que forman un triángulo cuyos vértices los formarían las localidades de Santibáñez de Montes, (municipio de Torre del Bierzo) y Montealegre (municipio de Villagatón- Brañueleas). En el centro aproximado de ese triángulo y a escasos metros de una pista utilizada por los camiones que en su día sacaron el mineral de antracita de las explotaciones a cielo abierto, se descubre un afloramiento que sobresale sobre el suelo tapizado de monte bajo . La roca se sitúa a ras de suelo en la ladera, pero se eleva como un trampolín hasta alcanzar por el otro extremo los tres metros, lo que forma en la zona inferior un abrigo protegido de la lluvia, tan parecido a los característicos abrigos rupestres de otros lugares que me extrañó no encontrar grabados o pinturas en esa parte del afloramiento. El suelo está sembrado de pequeñas losas acumuladas, como si algún día hubo allí una pequeña pared de piedra seca a modo de cerramiento que ahora se hubiera desmoronado.

La roca presenta en la parte superior una quincena de cazoletas de distintos tamaños y profundidades, diseminadas sin orden aparente pero agrupadas justo en el vértice de la zona más elevada y orientada al sur. Algunas de ellas parecen estar comunicadas por un pequeño surco que desciende desde la zona más elevada, aunque el este surco es tan fino que podría ser una fisura natural aprovechada como surco e integrado en el diseño de los motivos. Otro surco más ancho sale de una cazoleta superior pero se interrumpe a los pocos centímetros de esta y no se comunica con ninguna figura del panel. En el reborde de la roca se observan desconches del panel, y de algunas cazoletas sólo se conserva el fondo de la figura.

Esta estación rupestre presenta similitudes con otras de la provincia, atendiendo a las figuras representadas que se compones de cazoletas y algunos surcos más o menos dudosos. El emplazamiento también es característico, pues se sitúa en un lugar elevado a modo de atalaya, dominando visualmente un amplio espacio. El territorio actual dista mucho del que se pudo observar en siglos pasados, pues toda la zona ha sido modificada por grandes explotaciones a cielo abierto para extraer antracita. Aunque ahora estas actividades han cesado y se han realizado labores de reforestación más o menos afortunadas, solo queda de lo arcano la forma de los valles primigenios, pero basta para hacerse una idea del excelente puesto de observación que un día fue este lugar.

No se observan grabados con figuras que pudieran delatar una cronología más moderna (cruciformes, nombres de pastores etc.). Tampoco hay constancia por el plano topográfico de que coincida aquí una zona que delimite terrenos entre las localidades cercanas, por lo que puede descartarse ese uso. Aunque hay constancia de antiguos castros por la zona, ninguna localidad moderna o antigua parece situarse en las cercanías de estos petroglifos. La distribución de las cazoletas y el estilo de ejecución coinciden con las de otras estaciones rupestres de la provincia, y el ejemplo más cercano podría estar en el panel con petroglifos llamado «La Peña del Trigo» en Santa Marina de Torre

Para finalizar, quiero poner de nuevo en valor o el entusiasmo y la labor de Juan Carlos Garrido por todos esos descubrimientos que ha realizado por la comarca berciana, y hacer extensivo ese agradecimiento a los integrantes de la asociación cultural «Carqueixa del Bierzo» de Santa marina de Torre por la magnífica tarea que realizan para la difusión de los vestigios rupestres de la zona, que ha dado como resultado la creación de la ruta de los petroglifos y otras muchas actividades relacionadas con el arte rupestre.

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