Ponferrada

La paradoja de una ciudad que triunfa en turismo mientras su comercio tradicional agoniza

Ponferrada está viviendo un fenómeno fascinante y profundamente contradictorio que ilustra a la perfección los dilemas del turismo en la España del siglo XXI.

La capital berciana anuncia cifras récord: 255.774 turistas en 2024 (un 126% más que en 2023), con un impacto económico de 22,5 millones de euros. Los hoteles están llenos, las calles del casco histórico rebosan de peregrinos y visitantes, y el Ayuntamiento celebra eufórico este «cambio de ciclo» económico.

Pero mientras los políticos descorchan las botellas de champán, hay otra historia paralela que merece contarse.

El lado oscuro del éxito turístico

En 2024, H&M cerró su tienda en Ponferrada. No fue la única. El centro comercial El Rosal perdió marcas emblemáticas: Geox, Krack, Pikolinos, Hawkers, Druni… todas echaron el cierre. Los kioscos de prensa, esos testigos silenciosos de la vida cotidiana de cualquier ciudad, prácticamente han desaparecido: apenas quedan media docena en todo el municipio. Inditex ya había abandonado previamente sus tiendas a pie de calle.

¿Qué está pasando? Ponferrada está experimentando lo que los expertos llaman «turistificación sin gentrificación residencial»: una transformación económica donde el comercio tradicional, el que servía a los residentes, colapsa mientras florece una economía orientada exclusivamente al visitante temporal.

Los números que nadie quiere ver

Vamos a los datos. Ponferrada tiene 63.000 habitantes. En 2024 recibió 255.774 turistas con una estancia media de 1,4 días. Esto significa que cada ponferradino «compartió» su ciudad con 4 turistas durante el año, pero la mayoría de esos visitantes apenas pasaron 33 horas en la ciudad. Suficiente para visitar el Castillo Templario, cenar un botillo, dormir una noche y continuar el Camino.

¿Qué tipo de economía se construye sobre visitantes que pasan una noche? Hoteles, restaurantes, tiendas de souvenirs… pero no Zara, ni H&M, ni papelerías, ni ferreterías, ni las tiendas donde los ponferradinos compraban sus zapatos o su ropa interior.

En 2025, Ponferrada registró la apertura de 72 nuevos locales comerciales, incluyendo cuatro grandes superficies: Top Cash, Tyfer, Lupa y Familia. El problema es que estas son cadenas de descuento y grandes superficies, no precisamente el tipo de comercio que genera tejido urbano vibrante o empleo de calidad.

La vivienda: el elefante en la habitación

Aunque Ponferrada aún no sufre la presión inmobiliaria brutal de ciudades como Barcelona o Málaga, los precios de la vivienda han aumentado un 5,7% en casas y un 6,1% en pisos en los últimos 12 meses, con un incremento del 16,8% para pisos en los últimos 5 años. Para una ciudad de 63.000 habitantes que pasó décadas de declive postindustrial, estos incrementos son significativos y coinciden exactamente con el boom turístico.

El precio medio actual es de 1.077 €/m², lo que sitúa a Ponferrada aún en niveles asequibles comparado con las grandes ciudades españolas. Pero la tendencia es clara, y en España hemos visto esta película antes: primero llega el turismo masivo, luego los precios suben moderadamente, después aparecen los Airbnb, y finalmente los residentes de toda la vida no pueden permitirse vivir en el centro de su propia ciudad.

La identidad perdida

Lo más revelador es el discurso oficial. El Ayuntamiento presentó en FITUR un vídeo titulado «Ponferrada, eres bonita», que busca consolidar a la capital berciana como un destino con identidad propia, alejándose de la imagen de ciudad de paso o industrial. El teniente de alcalde celebró que Ponferrada «hemos dejado de ser sólo una ciudad de paso o industrial».

Pero aquí está el problema: ¿dejar atrás la identidad industrial para convertirse en qué? ¿En un decorado para turistas? Ponferrada fue durante décadas una ciudad obrera, con una identidad forjada en la minería del carbón, la industria y el comercio. Ahora celebra haber dejado eso atrás para convertirse en… ¿una ciudad museo? ¿Un parque temático del Camino de Santiago?

El modelo de desarrollo: ¿para quién?

Ponferrada ha recibido 6,8 millones de euros en fondos FEDER para su transformación urbana sostenible, con dos ejes principales: «Transformación urbana y social para una Ponferrada sostenible» y «Fortalecimiento del turismo histórico y natural». Las actuaciones incluyen comunidades energéticas, mejora del transporte, vivienda social y, significativamente, «capacitación digital del sector turístico» y «mejora del Castillo de los Templarios como recurso turístico».

En otras palabras: el dinero público se invierte masivamente en hacer Ponferrada más atractiva para los visitantes, mientras el comercio que servía a los residentes desaparece por falta de rentabilidad.

¿Es esto sostenible?

La pregunta clave es: ¿qué ciudad quedará cuando pase la moda turística? Porque las modas pasan. El Camino de Santiago puede perder atractivo, pueden aparecer destinos más trendy, o simplemente los turistas pueden cansarse de Ponferrada cuando todas las ciudades pequeñas de España se hayan convertido en clones turísticos.

Cuando eso ocurra, Ponferrada se encontrará con:

  • Un comercio tradicional destruido que no volverá
  • Una economía dependiente de un sector volátil (el turismo)
  • Infraestructura urbana orientada al visitante temporal, no al residente permanente
  • Una identidad cultural diluida en la búsqueda de atraer turistas

La gran pregunta incómoda

¿Es mejor ser una ciudad de 63.000 habitantes con comercio variado, identidad propia y economía diversificada, o ser una ciudad de 63.000 habitantes que recibe 255.774 turistas al año que se quedan 33 horas, gastan 130 euros y se van?

Los políticos locales han elegido. Celebran los 72 nuevos locales (sin especificar cuántos cerraron), aplauden los 22,5 millones de impacto turístico (sin calcular cuánto se perdió en comercio tradicional), y promocionan la ciudad como destino turístico (sin preguntarse si los residentes pueden permitirse seguir viviendo allí).

Ponferrada no es Barcelona ni Valencia, no tiene (todavía) protestas contra el turismo ni pintadas de «tourists go home». Pero está siguiendo exactamente el mismo camino, solo que a escala más pequeña y con menos visibilidad mediática. Y cuando dentro de 10 años los ponferradinos se pregunten cómo perdieron su ciudad, la respuesta estará en las actas municipales de 2024-2026, cuando decidieron que 255.774 turistas efímeros valían más que 63.000 vecinos permanentes.

El éxito, en este caso, puede ser el peor enemigo.

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