El Bierzo mira al cielo y ya no las ve: la caída de Compostilla, símbolo de una transición que nunca terminó de llegar
La voladura de las dos últimas torres de la central térmica de Compostilla II cierra medio siglo de historia industrial y reabre el debate sobre una transición energética que destruye el pasado sin haber construido aún el futuro
A las 13:00 horas del 12 de febrero, el cielo de Cubillos del Sil cambió para siempre. Mil setenta y cuatro kilos de explosivo bastaron para borrar del horizonte berciano lo que durante más de medio siglo fue mucho más que dos estructuras de hormigón: eran un punto de referencia, una señal de llegada a casa, el recordatorio permanente de que El Bierzo fue, durante décadas, un territorio que daba calor al resto del país. En apenas unos segundos, 54 años de historia industrial se desplomaron, poniendo punto final a un pasado energético que alimentó a toda España.
Cientos de bercianos lo vieron en directo. Centenares de personas se congregaron en puntos estratégicos como el mirador de La Peña, en Congosto, o en el entorno del campo de fútbol de Cubillos del Sil. Entre los asistentes había antiguos trabajadores, vecinos que crecieron bajo la sombra de las estructuras y familias que quisieron ser testigos del histórico derribo, en cuyos rostros se apreciaba la emoción del momento. Nadie quiso faltar, aunque nadie supiese exactamente qué decir.
«Siempre que pasabas por la carretera las veías», confesó entre lágrimas una vecina de Ponferrada. «Solo quieren destruir. Ahora que vayan a por el pantano», añadió otro ciudadano, incapaz de ocultar su amargura. No eran palabras contra el progreso. Eran la forma de expresar que algo íntimo, algo que formaba parte de la propia identidad de la comarca, se marchaba sin que nadie hubiera preguntado demasiado.
Las dos torres derribadas no eran simples instalaciones industriales. La chimenea de los grupos 1, 2 y 3 alcanzaba los 290 metros de altura, equivalente a un rascacielos de más de 70 plantas, mientras que la segunda, perteneciente a los grupos 4 y 5, medía 270 metros. Durante años fueron de las estructuras más altas de Castilla y León, visibles desde kilómetros de distancia y presentes en el horizonte de cualquier berciano que entrara o saliera de la comarca. Sus gentes necesitan tener un símbolo que les recuerde de dónde vienen. Con ellas se pierde una parte de la memoria territorial y social de El Bierzo, y quizás el elemento paisajístico más singular de Cubillos del Sil. Laciana Digital
Pero la jornada deparó una vuelta de tuerca que, a su manera, pareció un último gesto de rebeldía de las propias torres. Mientras la estructura principal se desplomaba con relativa precisión, la parte inferior de una de las chimeneas no fue demolida completamente, quedando en pie unos 50 metros a la espera de que se determine cuál será su futuro. Lo que en términos técnicos fue un contratiempo, en términos simbólicos se convirtió en el nuevo epicentro del debate berciano: algunos internautas propusieron que esa base resistente se transformara en un monumento conmemorativo, un mirador o un espacio museístico que recuerde el papel de la minería y la producción térmica en el desarrollo de la comarca. Endesa, sin embargo, ya ha confirmado que realizará una nueva voladura para completar el derribo.
Los intentos de salvar las chimeneas se extendieron durante años sin encontrar el respaldo institucional necesario. El colectivo Bierzo Ya llegó a presentar un proyecto turístico que preveía instalar tirolinas en las propias torres, además de solicitar formalmente su declaración como Bien de Interés Cultural. La Junta de Castilla y León descartó esa posibilidad en 2023, argumentando que su preservación era económicamente inviable. La última tentativa fue una denuncia ante la Consejería de Medio Ambiente alertando de posibles riesgos de contaminación durante la voladura. Fue desestimada por falta de pruebas concretas. El portavoz del colectivo, presente en el derribo, lo calificó de «acto de terrorismo contra el patrimonio».
Y ahí está el nudo de la cuestión. El Bierzo vio cerrar sus minas de carbón en 2018 y sus centrales térmicas en 2020, encontrándose de golpe con un vasto patrimonio industrial fuera de uso y con territorios enteros que necesitaban reinventarse. La transición energética llegó con firmeza para clausurar el pasado, pero el modelo que debía sustituirlo avanza a un ritmo que muchos bercianos consideran desesperantemente lento. Las chimeneas ya no están. Las emisiones, tampoco. Pero los empleos que se llevaron con ellas, los proyectos alternativos prometidos, el nuevo tejido productivo que debía brotar sobre los solares del carbón… esos siguen siendo, en buena medida, una promesa pendiente.
Las centrales térmicas han estado muy mal consideradas por el impacto medioambiental de su actividad. Compostilla II fue una de las más contaminantes de España. Hay una percepción negativa por este motivo, pero eso no justifica el olvido de los argumentos que tienen que ver con la memoria, el patrimonio y ese paisaje que singularizaba al Bierzo, reflexionaba una catedrática de Geografía Humana antes del derribo. Una síntesis perfecta de la contradicción que vive la comarca: culpable de un pasado contaminante, huérfana de un futuro que tarda en llegar.
El horizonte de El Bierzo ha cambiado para siempre. Y en ese cielo despejado, sin las siluetas que lo acompañaron durante más de medio siglo, muchos bercianos ven reflejada su propia incertidumbre.
La demolición del complejo de Compostilla II supera ya el 90% de ejecución y está prevista su finalización completa a lo largo de 2026.



Un atentado terrorista en toda regla auspiciado por Endesa con el beneplácito de VOX y con la participación de la junta de castilla y león todos al unísono fueron partícipes con el consentimiento de la sociedad Berciana, fin de la cita
Antonio Lopez una mierda menos en el.medio ambiente