Consejo Comarcal del Bierzo

Un demoledor informe del Consejo de Cuentas puso al descubierto una gestión marcada por la opacidad, el caos administrativo y el incumplimiento sistemático de la ley

Existe una institución en El Bierzo que gestiona millones de euros públicos, da servicio a 121.000 habitantes repartidos en 38 municipios, y que lleva seis años sin rendir cuentas a nadie. No es una exageración ni una hipérbole política: es la conclusión literal del informe aprobado en noviembre de 2025 por el Consejo de Cuentas de Castilla y León sobre el Consejo Comarcal del Bierzo.

La pregunta que debería hacerse cualquier berciano es simple y demoledora: ¿Cómo es posible que una institución pública funcione durante media década sin cumplir con la obligación legal básica de explicar en qué se gasta el dinero de todos?

El informe que nadie quiere leer

El documento elaborado por el organismo fiscalizador autonómico, presidido por Mario Amilivia, es de lectura incómoda para cualquiera que crea en la gestión responsable de lo público. La última cuenta general rendida por el Consejo del Bierzo corresponde a 2018, enviada además fuera del plazo legal, en noviembre de 2024 (según el INE). Desde entonces: silencio administrativo absoluto.

No se han rendido las cuentas de 2019, 2020, 2021, 2022, 2023 ni 2024, lo que supone un incumplimiento continuado de la legislación vigente. Seis años en los que el Consejo Comarcal ha gastado dinero público sin que exista control externo alguno sobre cómo, en qué y por qué.

Pero el problema no termina ahí. El Consejo Comarcal no ha facilitado información clave al Ministerio de Hacienda sobre el coste efectivo de los servicios que presta, ni ha registrado debidamente en la Base de Datos Nacional de Subvenciones las ayudas otorgadas a entidades locales durante los años analizados.

Transparencia: esa palabra prohibida

La opacidad del Consejo Comarcal alcanza niveles kafkianos. La institución no ha publicado la información contractual en la Plataforma de Rendición de Cuentas ni en la Plataforma de Contratación del Sector Público durante el periodo fiscalizado.

¿Qué significa esto en cristiano? Que entre 2018 y 2023 el Consejo del Bierzo adjudicó 9 contratos por 1,8 millones de euros, la mayoría vinculados a la prevención de incendios forestales, sin ofrecer información completa ni dentro de los plazos legales.

Casi dos millones de euros en contratos gestionados en la penumbra administrativa, sin que los bercianos puedan saber quién ganó esos contratos, bajo qué condiciones, o si se cumplió la legalidad en su adjudicación.

El 40% de la plantilla: desaparecida en combate

Como si la falta de transparencia no fuera suficiente, el informe revela un caos organizativo que roza lo surrealista. Durante el periodo 2019-2022, el Consejo Comarcal no contaba con una Relación de Puestos de Trabajo (RPT) actualizada ni con el Registro de Personal, registrando un 38% de vacantes.

Cuatro de cada diez puestos de trabajo vacantes. Imaginemos cualquier empresa privada funcionando con el 40% de su plantilla sin cubrir. Sería inviable. Pero en el sector público, al parecer, es posible durante años sin que pase nada.

El problema más grave está en los puestos clave: el Consejo depende de un interventor en acumulación de servicio, actualmente las funciones de Intervención son realizadas por el Interventor del Ayuntamiento de Villablino. Es decir, la persona encargada de controlar que el dinero se gaste bien no trabaja para el Consejo Comarcal, sino que compagina ese trabajo con sus funciones en otro ayuntamiento.

¿Cómo se puede pedir transparencia y rendición de cuentas si el propio encargado de hacerlo no tiene tiempo material para cumplir con sus funciones?

Competencias que no se ejercen, dinero que desaparece

El informe del Consejo de Cuentas también evidencia algo aún más preocupante: el Consejo Comarcal «no ejerce varias de las competencias que le atribuyen la normativa estatal y autonómica, como las relativas a infraestructuras, prevención de incendios o tratamiento de residuos».

Que una institución no ejerza las competencias para las que fue creada no es una anécdota administrativa: es un fraude institucional. El Consejo Comarcal recibe financiación para hacer cosas que simplemente no hace, mientras otras administraciones (la Diputación) suplen esas carencias.

Las únicas competencias efectivamente desarrolladas fueron las vinculadas al medio ambiente, protección de la infancia y el Centro de Atención a Drogodependientes (CAD), con una inversión global de 6,1 millones de euros. De todo lo que debería hacer, solo ejecuta una fracción.

El círculo vicioso: excusas sin soluciones

La respuesta oficial del Consejo Comarcal a este cataclismo administrativo es tan predecible como insatisfactoria: achacan a la ausencia de interventor en propiedad la falta de rendición de cuentas durante los últimos seis años, destacando la dificultad para su cobertura debido a «la menor retribución y la preferencia de estos profesionales por destinos en ciudades más grandes».

Es la excusa perfecta: «No cumplimos la ley porque no encontramos personal». Pero esa misma excusa plantea preguntas incómodas: ¿Por qué durante seis años no se ha solucionado este problema? ¿Por qué no se han mejorado las condiciones salariales? ¿Por qué no se ha buscado personal interino? ¿Por qué la falta de un interventor paraliza toda la institución?

La realidad es más simple y más cruel: ha faltado voluntad política para solucionar el problema. Porque rendir cuentas implica control, y el control implica que alguien mire de cerca cómo se gasta el dinero público.

34 años después, los mismos problemas

Lo más deprimente de toda esta situación es que no es nueva. La institución comarcal sigue adoleciendo de casi los mismos problemas que cuando se creó en 1991, especialmente en cuanto a falta de financiación. El primer pleno celebrado el 11 de julio de 1991 giró casi en exclusiva sobre la necesidad de encontrar una sede.

Treinta y cuatro años después, el Consejo Comarcal del Bierzo sigue siendo una institución disfuncional, infrafinanciada, sin competencias claras, y ahora además descubrimos que opera en la opacidad más absoluta.

El portavoz del PP en el Consejo Comarcal, José Manuel Pereira, lo expresó con claridad cuando afirmó que el Consejo está proyectando una «imagen de inutilidad y desconexión con los problemas reales del Bierzo».

El problema político: ¿a quién le importa?

Lo verdaderamente preocupante no es solo la gestión caótica del Consejo Comarcal, sino la indiferencia generalizada ante esta situación. El informe del Consejo de Cuentas es demoledor, pero ¿ha habido dimisiones? No. ¿Ha habido consecuencias políticas? Tampoco. ¿Ha salido la ciudadanía a la calle a exigir explicaciones? Ni por asomo.

La población ve al Consejo como una institución sin capacidad para realizar actuaciones que contribuyan al día a día de los bercianos y a los consejeros como políticos que se limitan a aprobar mociones en los plenos sin que estas se conviertan en realidades.

El propio presidente del Consejo Comarcal, Olegario Ramón, reconoció que la Junta de Castilla y León «no apuesta» de verdad por esta institución y que su creación se hizo solo para frenar los sentimientos ‘leonesistas’ que afloraban en la provincia.

Si ni siquiera el presidente cree en la institución que dirige, ¿cómo van a creer los bercianos?

La pregunta final: ¿Para qué sirve el Consejo Comarcal?

Después de leer el informe del Consejo de Cuentas, la pregunta es inevitable: ¿Para qué sirve realmente el Consejo Comarcal del Bierzo?

  • No rinde cuentas desde hace seis años
  • Tiene el 40% de su plantilla vacante
  • No ejerce la mayoría de sus competencias
  • Opera sin transparencia en contratación ni subvenciones
  • No tiene presupuesto aprobado a tiempo
  • Carece de un plan estratégico

¿Es esto una institución pública o un decorado institucional? ¿Es un instrumento de servicio a los bercianos o un aparato clientelar donde colocar cargos políticos?

El Consejo Comarcal gestiona millones de euros públicos sin control externo efectivo. Eso no es un problema administrativo: es un escándalo democrático. Y lo peor es que a casi nadie parece importarle.

Porque en El Bierzo, al parecer, hemos normalizado lo intolerable: que nuestro dinero se gestione en la opacidad, que nuestras instituciones incumplan la ley sistemáticamente, y que los responsables políticos no rindan cuentas ante nadie.

El Consejo Comarcal del Bierzo necesita urgentemente una reforma profunda o su supresión. Lo que no puede seguir siendo es lo que es ahora: una institución zombie que consume recursos públicos sin cumplir su función, sin transparencia, y sin consecuencias para los responsables de este desaguisado administrativo.

Seis años sin rendir cuentas no son un problema técnico. Son la prueba de que algo está profundamente roto en la gestión de lo público en El Bierzo. Y mientras nadie exija responsabilidades, seguirá estándolo.

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8 pensamientos sobre “La institución invisible: el Consejo Comarcal del Bierzo y sus seis años sin rendir cuentas”

  1. Igual q Coalición, otro chiringuito con fecha de caducidad.

    Daniel Santos expresidente del partido del bierzo lanzó ayer una nota de prensa interesante.

    Se les acabó la fiesta.

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