La pregunta clave: ¿Son bercianos o son leoneses?
La respuesta corta es: ni lo uno ni lo otro del todo, y eso es precisamente el problema del leonesismo en la comarca. La identidad leonesa de los habitantes de El Bierzo poco más es que una identidad administrativa, forzada y obligada, no decidida ni libremente admitida. Pocas son las personas del Bierzo que, al ser preguntadas por su origen, digan «soy leonés/a». Su respuesta siempre es: «Soy berciano/a». En pocos sitios la identidad leonesa será más frágil que en El Bierzo.
Esto lo confirma incluso el refranero popular de la zona, que es demoladoramente claro: «Si Coyanza castellana, y El Bierzo gallego son, y la montaña asturiana, ¿qué le dejas a León?» Lo que no aparece en el refranero berciano es el leonesismo. En El Bierzo se escucha «El Bierzo sin León», «El Bierzo no es Castilla» o «O Bierzo provinza ceibe», pero no consignas leonesistas.
La bandera lo dice todo: la Cruceira gana a la leonesa
El símbolo más revelador de la situación es la Cruceira, la bandera con la Cruz de San Andrés que representa a El Bierzo. La bandera Cruceira fue creada en este siglo y ha conseguido una difusión sin precedentes. En El Bierzo no se ven banderas leonesas. Su presencia en acontecimientos deportivos, todo tipo de manifestaciones y en internet demuestra la existencia de un fuerte bercianismo social y político.
El refranero lo plasma perfectamente: «León con su pendón, El Bierzo banderón» y «León rampante, berciana cruzada».
¿Por qué tira El Bierzo hacia Galicia y no hacia León?
La razón tiene raíces históricas, culturales y lingüísticas muy profundas. Ponferrada aparece descrita históricamente como «puerta de Galicia»: «Ponferrada é boa vila. Ninguén a ve que non diga, Galicia é a horta e Ponferrada a porta». El Bierzo tira para Galicia por sus semejanzas tradicionales, culturales e idiomáticas con los vecinos gallegos.
Y en lo lingüístico, el argumento es contundente: desde la Edad Media, en El Bierzo se habló el idioma gallego. No es una cuestión de colonización cultural ni de inmigrantes gallegos. Esto choca frontalmente con el discurso leonesista, que reivindica las hablas leonesas como seña de identidad.
Hay además numerosos mapas históricos que durante siglos incluyeron El Bierzo dentro de Galicia, y eso pesa en el imaginario colectivo. Ayuntamientos y autoridades bercianas amenazaron a lo largo del siglo XX con iniciar trámites para la anexión a la Comunidade Autónoma Galega.
El problema del leonesismo: no entiende El Bierzo
Desde la perspectiva berciana, el leonesismo clásico ha cometido siempre el mismo error. León tiene un problema por no saber reconocer la singularidad berciana y querer compararla con el resto de pequeñas comarcas provinciales. Desde León no se entiende la variada singularidad berciana, y las discrepancias se repiten una y otra vez. Hay muchos prejuicios que no se superan. El centralismo secular que practican las ciudades de Valladolid y León con esta región periférica es el verdadero problema.
El hartazgo berciano tiene nombre y apellidos concretos. Coalición por El Bierzo (CB), el partido bercianista más importante, resume el sentimiento mayoritario de la comarca de forma muy directa cuando se le plantea unirse al proyecto leonesista: «Lo que queremos son gestos, ya estamos hartos de luchar las batallas de otros para luego quedarnos tirados en la mitad del camino. Los bercianos en este sentido tenemos un máster universitario».
Y son todavía más duros con la UPL en concreto: Coalición por El Bierzo considera el proyecto leonesista representado hasta ahora en las administraciones públicas «prácticamente agotado» porque «nunca ha propuesto nada interesante, salvo ahondar más en lo mismo, en la consecución de una autonomía encima a tres provincias: León, Zamora y Salamanca».
¿Es posible el entendimiento? La mano tendida desde León
Sí hay voces que creen que leonesismo y bercianismo no son incompatibles. Ambas reivindicaciones no tienen intereses contrapuestos sino que podrían potenciarse muchísimo más si buscaran puntos comunes. Al fin y al cabo son dos mil años de historia y cultura común.
El propio alcalde de León, José Antonio Díez (PSOE), extendió la mano a los bercianistas en 2025 invitándoles a unirse a la reivindicación autonómica. Los bercianistas respondieron con escepticismo pero sin cerrar la puerta del todo, poniendo condiciones concretas: para CB el diálogo empezaría muy bien si la primera piedra se pusiera implantando en el Campus de Ponferrada el Grado de Medicina desde el primer año. Es decir: hechos, no palabras.
Conclusión: un triángulo de identidades sin resolver
En El Bierzo conviven tres identidades que se solapan y compiten entre sí: la berciana (la más fuerte y cotidiana), la gallega/galaica (con profundo arraigo cultural y lingüístico) y la leonesa (presente como identidad administrativa pero débil como sentimiento). El leonesismo político lleva décadas intentando que El Bierzo se suba a su proyecto, pero tropieza siempre con la misma piedra: para los bercianos, León es parte del problema, no parte de la solución. Y mientras no haya gestos concretos —infraestructuras, servicios, recursos reales—, el discurso identitario solo llega a los convencidos.


Que trato tendrá por qué sabiendo que no va a sacar ni para pipas….
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