(Opinión) La humillante capitulación de Von der Leyen ante las ambiciones imperialistas de Trump

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capitulación de Von der Leyen

(Artículo de opinión)

La humillante capitulación de Von der Leyen ante las ambiciones imperialistas de Trump

La Unión Europea maquilla su sumisión a Washington con cheques a Groenlandia mientras acepta que EEUU cuestione la soberanía de un Estado miembro

La respuesta de la Unión Europea a las amenazas territoriales de Donald Trump sobre Groenlandia representa uno de los episodios más vergonzosos de la política exterior comunitaria. Bajo el disfraz de una «estrategia de inversión» y promesas vacías de «firmeza», Ursula von der Leyen ha protagonizado una rendición en toda regla ante las pretensiones imperialistas de Washington.

Cuando la chequera sustituye a la dignidad

La presidenta de la Comisión Europea ha anunciado con pompa y solemnidad que duplicará el apoyo financiero europeo a Groenlandia en los próximos presupuestos comunitarios. Una medida que presenta como muestra de «solidaridad» con Dinamarca, pero que en realidad revela la impotencia política de Bruselas.

Porque seamos claros: cuando un líder extranjero amenaza abiertamente con anexionarse territorio de un Estado miembro y tu respuesta es abrir la cartera, no estás demostrando fortaleza. Estás admitiendo que careces de instrumentos políticos reales y que tu única herramienta es intentar comprar influencia donde deberías estar defendiendo principios fundamentales como la soberanía territorial.

La retórica hueca de la «firmeza»

Von der Leyen ha declarado que la respuesta europea será «firme, unida y proporcionada» y ha calificado los aranceles estadounidenses como «un error entre aliados de larga data». Palabras grandilocuentes que chocan frontalmente con la realidad de los hechos.

¿Dónde está esa firmeza cuando no se ha anunciado ni una sola medida concreta de represalia? ¿Dónde está esa unidad cuando Trump negocia directamente con el secretario general de la OTAN por encima de las instituciones europeas? ¿Dónde está esa respuesta proporcionada cuando ante amenazas de anexión territorial la única reacción es prometer más euros?

La realidad es que Bruselas se ha convertido en una fábrica de comunicados grandilocuentes y medidas cosméticas, incapaz de articular una política exterior que merezca ese nombre.

Un patrón de capitulaciones

Esta no es la primera vez que Von der Leyen claudica ante Trump. Los precedentes son claros y demoledores. En julio pasado cerró un acuerdo en Escocia por el que la UE aceptó un arancel general del 15% sin adoptar represalias y además se comprometió a rebajar a cero las tasas a los productos industriales estadounidenses.

Es decir, ante la política de chantaje arancelario de Washington, la respuesta europea fue… capitular completamente y además hacer concesiones adicionales. Un patrón que ahora se repite con Groenlandia: Trump amenaza, Europa paga y disfraza la humillación con lenguaje diplomático.

La farsa de la «amistad» transatlántica

Especialmente indignante resulta el tono empleado por la presidenta de la Comisión. A pesar de las constantes amenazas y desprecios de Trump, Von der Leyen ha subrayado que «consideramos al pueblo estadounidense no solo como nuestro aliado, sino también como nuestro amigo» y ha reiterado su disposición al diálogo.

¿Qué clase de «amistad» es aquella en la que una parte amenaza con apropiarse del territorio de la otra? ¿Qué tipo de «alianza» permite que un socio cuestione abiertamente la integridad territorial de sus supuestos socios? Este lenguaje servil no solo es patético, es peligroso porque normaliza comportamientos inaceptables y sienta precedentes devastadores.

Europa como actor político irrelevante

El episodio de Groenlandia ha dejado al descubierto una verdad incómoda: la Unión Europea es un gigante económico pero un enano político. Un proyecto que puede emitir regulaciones sobre el tamaño de los pepinos pero que es incapaz de defender la soberanía territorial de sus propios Estados miembros.

Cuando Trump retira sus amenazas tras negociar directamente con la OTAN, queda claro que Bruselas ni siquiera es un interlocutor relevante en asuntos de seguridad que afectan directamente a su territorio. Las decisiones se toman en Washington y en la sede de la Alianza Atlántica, mientras la Comisión Europea se limita a emitir comunicados y prometer dinero.

Las consecuencias de la cobardía

Esta política de apaciguamiento tendrá consecuencias. Al no responder con contundencia a las amenazas de Trump, Von der Leyen está sentando un precedente peligroso: que se puede presionar, amenazar y chantajear a la Unión Europea sin consecuencias reales.

La Comisión trabaja en un paquete para reforzar la seguridad del Ártico, nos dicen. Más paquetes, más comités, más estrategias, más comunicados. Mientras tanto, el presidente estadounidense trata a los Estados europeos como si fueran colonias cuyas fronteras pueden ser rediseñadas a voluntad.

Una pregunta para la reflexión

Si la Unión Europea no es capaz de defender firmemente la integridad territorial de Dinamarca, un Estado miembro, ante las ambiciones declaradas de un tercero, ¿para qué sirve exactamente? ¿Qué valor tiene una alianza política que ante amenazas existenciales responde con inversiones financieras y retórica vacía?

La estrategia de Von der Leyen no es inteligencia diplomática, es cobardía institucionalizada. No es pragmatismo, es claudicación. Y llamar «inversión estratégica» a lo que es simplemente pagar para intentar paliar los efectos de tu propia impotencia política no engaña a nadie.

Europa merece líderes que defiendan sus valores y su territorio con algo más que palabras huecas y transferencias bancarias. Hasta que eso ocurra, seguiremos asistiendo al triste espectáculo de una potencia económica de primer orden que se comporta como un actor político de tercera división.

Pedro Guerra

Consultor de empresas

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