(Opinión) La farsa electoral de Castilla y León: cuatro años dormidos, un mes de frenesí propagandístico
(Artículo de opnión)
La farsa electoral de Castilla y León: cuatro años dormidos, un mes de frenesí propagandístico
Los políticos autonómicos, que brillaron por su ausencia durante la legislatura, inundan ahora los medios con notas de prensa diarias ante la inminencia de las elecciones del 15 de marzo.
Falta poco más de un mes para las elecciones autonómicas de Castilla y León del próximo 15 de marzo, y de repente, como por arte de magia, los políticos que llevaban cuatro años en estado de hibernación han despertado con una actividad frenética. Las redacciones de los medios de comunicación de la comunidad se han convertido en vertederos de notas de prensa diarias donde los mismos que no movieron un dedo durante la legislatura ahora presumen de logros inexistentes o se dedican a criticar todo lo que se mueve.
Es el mismo guión de siempre, el mismo teatro electoral que se repite cada cuatro años, pero que alcanza en esta ocasión cotas de desvergüenza difícilmente superables.
Cuatro años de silencio, un mes de ruido ensordecedor
Durante la legislatura que ahora termina, Castilla y León ha sido un páramo de inactividad política. Los problemas endémicos de la comunidad —despoblación galopante, fuga de jóvenes, cierre de servicios públicos en el medio rural, deterioro de infraestructuras, colapso de la sanidad rural— han seguido agravándose mientras nuestros representantes brillaban por su ausencia.
¿Dónde estaban estos políticos cuando pueblo tras pueblo perdía su consultorio médico? ¿Dónde estaban cuando las comarcas enteras se quedaban sin transporte público? ¿Dónde estaban cuando los jóvenes seguían haciendo las maletas rumbo a Madrid, Barcelona o el extranjero ante la ausencia total de oportunidades?
Estaban exactamente donde han estado siempre: en sus despachos climatizados, cobrando religiosamente sus nóminas, asistiendo a actos protocolarios intrascendentes y esperando pacientemente a que llegara la campaña electoral para volver a pedir el voto.
El bombardeo propagandístico de las últimas semanas
Pero ahora, milagrosamente, todos tienen algo que decir. Ahora las notas de prensa llegan a diario, a veces varias en la misma jornada. El patrón es siempre el mismo y se divide en dos categorías perfectamente diferenciadas:
- Las notas de autobombo: «El consejero X inaugura…», «La Junta invierte…», «El Gobierno regional impulsa…». Inauguraciones de última hora, anuncios de inversiones que llevan años prometidas, presentaciones de proyectos que jamás se ejecutarán y listas interminables de supuestos logros que, curiosamente, nadie ha percibido durante los últimos cuatro años.
Obras que se anuncian cuando ya estaban presupuestadas, inversiones europeas que se presentan como méritos propios, estadísticas maquilladas que intentan ocultar una realidad tozuda: Castilla y León sigue perdiendo población, sigue envejeciendo, sigue despoblándose y sigue a la cola en casi todos los indicadores económicos y sociales. - Las notas de crítica demoledora: La oposición, por su parte, tampoco se queda atrás. Ahora todo es un escándalo, todo es una vergüenza, todo requiere dimisiones inmediatas. Los mismos que durante cuatro años han estado callados o han aprobado presupuestos sin rechistar, ahora descubren de repente que todo está mal, que todo es mejorable, que ellos lo harían infinitamente mejor.
¿Dónde estaban estas voces críticas cuando había que criticar durante la legislatura? ¿Dónde estaba esta indignación cuando se aprobaban recortes, cuando se cerraban servicios, cuando se abandonaba el medio rural a su suerte?
La complicidad de los medios
Y en medio de este circo, los medios de comunicación regionales actúan como meros altavoces, reproduciendo acríticamente nota tras nota, declaración tras declaración, sin el más mínimo análisis, sin contrastar, sin preguntarse si lo que se anuncia con pompa tiene alguna relación con la realidad.
Cada inauguración de un consultorio que ya existía se convierte en noticia. Cada crítica oportunista de la oposición merece un titular. Cada promesa vacía se publica sin verificar si hay presupuesto, si hay proyecto real, si hay algo más allá del papel y la foto.
Los ciudadanos de Castilla y León merecen un periodismo que haga preguntas incómodas: ¿Por qué anuncian ahora lo que no hicieron en cuatro años? ¿Dónde están los resultados concretos de las políticas implementadas? ¿Por qué la oposición no presentó estas críticas cuando había plenos ordinarios en las Cortes?
El síndrome de la campaña permanente
Lo más insultante de todo esto es que demuestra que nuestros políticos saben perfectamente cómo comunicar, cómo hacer ruido, cómo ocupar espacio mediático. Lo que pasa es que solo les interesa hacerlo cuando hay elecciones a la vista.
Durante la legislatura, el silencio. Cuatro años de reuniones intrascendentes, de viajes institucionales, de subvenciones a asociaciones afines, de colocación de familiares y amigos, de pactos de despacho y de políticas que benefician a los mismos de siempre mientras Castilla y León sigue sangrando población y oportunidades.
Pero llega febrero, falta mes y medio para las urnas, y de repente todos se vuelven extraordinariamente activos, comunicativos y preocupados por el bienestar de los castellanos y leoneses.
Las promesas que ya conocemos
Y ahora vendrán las promesas. Las mismas de siempre, recicladas y barnizadas con nueva retórica. Promesas sobre infraestructuras que nunca llegan, sobre servicios que nunca se mejoran, sobre empleos que nunca se crean, sobre un futuro brillante que nunca se materializa.
Prometerán autopistas que llevan décadas prometidas, trenes de alta velocidad que jamás llegarán a tiempo, hospitales comarcales que se quedarán en el papel, medidas contra la despoblación que no frenarán la sangría demográfica, políticas industriales que no atraerán ni una sola empresa relevante.
Y cuando pasen las elecciones, cuando se hayan repartido los escaños y formado el nuevo gobierno —probablemente idéntico al anterior con ligeros retoques—, volverá el silencio. Volverán a sus despachos, a sus dietas, a sus coches oficiales y a su plácida rutina de irrelevancia institucionalizada.
Lo que realmente necesita Castilla y León
Lo que esta comunidad necesita no son políticos que se acuerdan de trabajar un mes antes de las elecciones. Necesita representantes que trabajen los 365 días del año, que rindan cuentas constantemente, que expliquen sus políticas con transparencia, que asuman responsabilidades por sus fracasos.
Necesita una oposición que ejerza de oposición durante toda la legislatura, no solo en campaña electoral. Necesita medios de comunicación que fiscalicen el poder, que hagan preguntas difíciles, que no se conformen con reproducir notas de prensa.
Necesita, en definitiva, una regeneración democrática profunda que acabe con esta farsa cíclica donde los mismos actores interpretan el mismo papel cada cuatro años mientras la comunidad sigue su lento pero inexorable declive.
La responsabilidad del votante
Pero nada de esto cambiará mientras los ciudadanos sigan premiando con su voto a quienes les toman por tontos. Mientras sigamos votando a partidos por inercia, por tradición familiar o por el miedo que nos meten al rival, esta dinámica perversa continuará indefinidamente.
El próximo 15 de marzo tenemos una oportunidad para decir basta. Para exigir algo más que notas de prensa de última hora y promesas recicladas. Para pedir cuentas por cuatro años de inactividad, por cuatro años de ver cómo Castilla y León seguía perdiendo peso demográfico, económico y político en España.
Pero me temo que, como siempre, muchos volverán a caer en la trampa. Volverán a votar a los de siempre, a los que solo se acuerdan de ellos cuando necesitan su papeleta. Y dentro de cuatro años estaremos exactamente en el mismo punto: una comunidad más envejecida, más despoblada, más irrelevante, y unos políticos que volverán a despertarse mágicamente un mes antes de las siguientes elecciones.
Mientras tanto, seguirán llegando las notas de prensa. Una tras otra. Día tras día. Hasta el 15 de marzo. Después, silencio. Hasta dentro de cuatro años.
Bienvenidos al espectáculo más predecible y deprimente de la democracia autonómica española.
Pedro Guerra Consultor de Empresas



Que opinión más imparcial de un medio de comunicación